5 dic. 2008

Políticos de porro y stickers: Se viene el electronetti

En las últimas décadas surgieron múltiples estudios sobre clientelismo político. Quizás podríamos forzar una clasificación de las visiones sobre el clientelismo en un continuum. En uno de los extremos de este continuum se ubicarían los trabajos que sostienen que el clientelismo es la causa de todos los males, que es por razón de este mecanismo indigno que los mas pobres obedecen a quienes les dan cosas y por ello, votan malas opciones. ‘Así nos va’ ‘ellos votan porque les dan’ ‘ cómo vamos a tener mejores gobernantes si los eligen con clientelismo’
Esta es una mirada externa, que juzga desde un lugar de superioridad y que incluye en éste fenómeno todos los males de nuestra democracia.

En el otro extremo, hay trabajos que consideran una distracción nada ingenua la idea que el clientelismo tiene semejante impacto en la democracia argentina. Aquí hay una perspectiva que valora las redes de intercambio y de resolución de problemas ( así la bautizó el sociólogo Javier Auyero, en 2000) y que entiende que hay un reforzamiento de las identidades partidarias con los intercambios de bienes o servicios. Esta posición enunciaría algo así como ‘son peronistas y por eso les dan, pero no es que voten al peronismo porque les dan’

El equipo que conformamos con Susan Stokes y Marcelo Nazareno hace 8 años se dedicó a estudiar cual era el impacto de este fenómeno en Argentina y cual su real extensión. Lo hicimos a través de encuestas en provincias ( hicimos una en 2001 y otra en 2003, ambas de 2000 casos) que fueron formuladas luego de un intensivo trabajo de entrevistas cualitativas. Nosotros definimos que clientelismo es el intercambio particularizado de bienes y servicios por votos, y el criterio que lo regula es ‘te doy porque me vas a votar’. Acá no hay promesas a colectivos, como ‘si uds. nos votan, nosotros les daremos trabajo a los jóvenes desempleados’, presentes en cualquier democracia del mundo con programas partidarios. En lugar de una categoría de votantes, las máquinas del clientelismo dicen ‘a vos, si me votás, te doy’.

El tipo de bienes que fue mencionado mas veces como mercancía de cambio era comida, remedios, chapas, pero no porros drogas en general. Sin embargo, en las entrevistas uno podía conocer que sí era una práctica aceptada la de repartir cigarrillos de marihuana, además de comida y bebida para asistir a los actos. La imagen de ómnibus cargados de gente contabilizada por un puntero/a o referente o dirigente y el característico olor era recurrente en los testimonios del conurbano bonaerense.

Nuestra encuesta permitió establecer el perfil típico de un ‘vendedor de votos’. Si bien, hay renuencia de los encuestados a contestar que el recibir bienes o servicios influyó en su voto, pudimos observar mediante los cruzamientos de los datos que hay altas posibilidades de los políticos discrecionales se relacionen con votantes varones que se incorporaron a la democracia en tiempos de las políticas neoliberales de Menem, que llevan su boleta preparada, que no cortan boleta y que están desempleados o con problemas de empleo.

¿Son ellos los blancos de los repartos que reportan los medios en Córdoba estos días? Tenemos algunas pistas que indican que hay serios problemas de control por parte de los ‘repartidores’. Es decir, numerosos punteros se quejaron en las entrevistas que los votantes les hacen ‘fraude electoral’[1] porque no cumplen con ellos y votan a otro candidato. Otros punteros repiten su consejo a los votantes:’muchachos, tomen todo lo que les dan, y luego voten bien’ ¿Será que hay inflación en el mercado de bienes del clientelismo? ¿Será que los políticos están desesperados y por ello ofrecen marihuana?

La adopción de la boleta única requerirá votantes lúcidos, listos para votar en el cuarto oscuro sin traer su opción pre- armada. (Mientras escribo esto me entero de una nueva avanzada de este tipo de políticos: implementarán boleta única con sticker. ‘ Como UD. votante es tan bruto y se equivoca, y puede llegar a votar por la oposición, o votar diferentes partidos, yo le doy antes de entrar un sticker y UD. cómodamente lo pega al papel oficial de la boleta, sin tener necesidad de pensar en su voto. De eso nos ocupamos nosotros’

Como antes pan y circo, y aún habiendo atravesado el espectáculo de una reforma política, ¿ahora necesitarán de porro y sticker para mantenerse? No puedo dejar de pensar en la capacidad de invención para el fraude que hay en algunos reformadores ¿Fabrican stickers en Bell Ville? Ahora debemos estar alertas porque se viene el sticker electrónico, un sistema que permite centralizar en un chip la trampa. En otra columna, nos dedicaremos a desnudar vinculaciones entre empresas, millones, 'modernización' y centralización del conteo de votos y la imposibilidad de la democracia.


valeria brusco





[1] Término que tomo de un entrevistado uruguayo en otro artículo (S/D)

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