6 feb. 2009

tamaños y rendimientos

La boleta única: como si el tamaño fuera decisivo
valeria brusco

La oposición a nivel nacional ha convergido en una propuesta, la de instrumentar un sistema de votación moderno que nos iguale como ciudadanos a la hora de votar, la boleta única. Y la reacción que ha tenido el ministro Aníbal Fernández es, cuanto menos, poco seria. Es de esperar que un gobierno que tiene algunos problemas de comunicación tenga recelo de los cambios, las innovaciones, cuando éstas no garantizan resultados favorables. Sin embargo, se podrían haber hecho otras observaciones, que hay otras urgencias, que se están estudiando algunos cambios, etc, pero nunca decir que el problema de la boleta única es el tamaño.
Porque los problemas son resolubles cuando la idea sustentadora es buena.

La boleta única, lo hemos dicho ya muchas veces y ya somos mucho mas que dos sus impulsores, es una herramienta mas adecuada para el momento de ir a votar. Porque si en las democracia ateniense era suficiente opinar sobre un tema del gobierno y levantar la mano para votar, para decidir, en nuestras democracias hemos tenido que inventar sistemas para poner los numerosísimos votos por escrito. Y si el siglo pasado, el voto era un papel con el nombre del candidato a gobernador y los senadores se elegían indirectamente, hemos tenido cambios en las instituciones y ahora votamos mas cargos de manera directa. Y también ha habido cambios en los partidos han cambiado. Tuvimos tradicionalmente un sistema bipartidista, y conocemos de conservadores, radicales, peronistas por turnos de a dos, durante el siglo 20. Hasta que el sistema de partidos empezó a crujir y nos encontramos con frentes, alianzas y nuevas formas de agrupar ideas, algunas mas exitosas que otras. Tantos cambios hubo en el proceso reciente, en los últimos años del siglo 20, que hasta se estrenó una figura institucional impensada en las democracias del mundo, las sumatorias. Un mecanismo mas parecido al del mercado de frutas, -quien da mas, cuantos clientes tenés en tu puestito, puedo acercarme a vos, yo llevo para vender en mi pueblo y luego compartimos la ganancia-, que a una democracia donde se discuten propuestas y se opina sobre ellas y se elige a quienes las llevarán adelante. Menos como los griegos y mas como los fenicios.
También, a principios de siglo supimos de votos que se decidían fuera del cuarto oscuro, supimos de mujeres a quienes algún puntero les metía la boleta en el corpiño, de jóvenes a quienes acompañaban a votar con un porro y algún billete. Lamentablemente, de porros y boletas sabemos todavía, en Córdoba por lo menos. Quizás el ministro tenga algún registro del tipo en la provincia mayor.



Entonces, si hemos atravesado semejantes cambios y aun son evidentes las deficiencias, ¿se puede alguien resistir a lo inevitable, lo imprescindible, diciendo que es un problema de tamaño?

Señor ministro: hay otros países en el mundo, con características parecidas al nuestro. No somos el centro del universo ni tenemos una realidad única que requiere de soluciones distintas. Argentina comparte muchos de los problemas de las democracias jóvenes, y de eso se ocupan cientos de doctorandos en nuestro país y en el exterior cuando escriben sus tesis, y por suerte, podemos aprender de las experiencias de otros. México y Perú, por mencionar dos hermanos latinoamericanos nos ofrecen respuestas prácticas ( sobre el tamaño que a ud. le preocupa, sobre el control del papel, sobre el diseño, sobre el orden de aparición, etc). Por favor, ministro entonces, ensaye otro argumento al discutir con la oposición sobre la implementación de la boleta única.

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